Historia

 

A tono con el desarrollo de la ciencia, la tecnología y las comunicaciones que ha caracterizado el nacimiento del siglo XXI, se precisa la necesidad de asumir estrategias innovadoras para dirigir los procesos de formación integral de las nuevas generaciones de profesionales. El énfasis se ha centrado tanto en el análisis de nuevos puntos de vista teóricos, como en la propia formación y desarrollo de habilidades, capacidades y competencias, que permitan que los egresados se desempeñen de acuerdo con las exigencias de la sociedad actual. Al respecto, la Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI de la UNESCO (1998), expresa, en su artículo I (b) y (d), que la misión de la Educación Superior es “… constituir un espacio abierto para la formación superior, que propicie el aprendizaje permanente…, contribuir a comprender, interpretar, preservar, reforzar, fomentar y difundir las culturas nacionales y regionales, internacionales e históricas, en un contexto de pluralismo y diversidad cultural…” (UNESCO, 1998: 2).

En América Latina se hace cada vez más necesario el seguimiento generalizado de los patrones del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas (MCER), y el énfasis en lograr la comunicación en contextos multiculturales y multilingües. La diferencia con respecto a los principios del MCER es que, en América Latina, el proceso de enseñanza-aprendizaje de la lengua extranjera ocurre principalmente alejado del contexto de la lengua que se aprende. Este particular exige una alta preparación de docentes y estudiantes no solo en el aspecto lingüístico, sino además en el uso y el significado social que tienen las estructuras lingüísticas en diferentes contextos.

En los últimos años Ecuador ha invertido en el mejoramiento de la calidad de la Educación. En este sentido, se le ha dado prioridad a la preparación de los docentes y la implementación de condiciones idóneas para la enseñanza y el aprendizaje del inglés. La Ley Orgánica de Educación Superior (2010) declara en su artículo 124 la necesidad de formar profesionales con el dominio de un idioma extranjero. Este particular se complementa con lo planteado en el Reglamento de Régimen Académico (2013) en su artículo 31 cuando se refiere a que ¨en las carreras de tercer nivel, de grado, se entenderá por suficiencia en el manejo de una lengua extranjera al menos el nivel correspondiente a B2 del Marco Común Europeo de referencia para las Lenguas.¨ (RRA, 2013: 21). Para ello, el mismo artículo da la libertad de incluir o no el aprendizaje de la lengua extranjera en la malla curricular y establecer convenios con entidades autorizadas que brinden cursos de lenguas.

En este contexto, la creación de una Escuela de Idiomas garantiza la preparación de los estudiantes del pregrado y brinda la posibilidad de diseñar cursos destinados a la Educación continua. Teniendo en cuenta requisitos y certificaciones de los profesores encargados de dirigir y laborar en la Escuela de Idiomas, se brinda además la posibilidad de ofrecer la superación a docentes de idiomas con el fin de colaborar con la permanente preparación y actualización de los mismos.

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